Intento cogerle asco al tabaco

Uncategorized | Sunday January 31 2010 23:26 | Comments (0)

Hace unos meses dejé de fumar.

Bueno, ni siquiera lo llamaría un intento, porque no lo hice de forma activa. Un buen día, viendo un cenicero rebosante de colillas decidí meterlas todas en un paquete vacío y, ante el asco que me dieron las cenizas que quedaron, llegué a la determinación de que ese era el último paquete que fumaría. Ni siquiera me lo planteé.

Había intentado dejar de fumar otras veces, y todos los intentos de hacerlo se habían ido al traste pocos días después porque, realmente, no lo hacía por el tabaco (físico), sino por la idea de dejarlo.

Esto es un error, ya que cuando haces esto te estás convenciendo a ti mismo de que ‘no puedes’ fumar. No puedes, pero quieres, así que como es imposible mantener la guardia veinticuatro horas al día durante el resto de tu vida, llega un momento, una discusión, una fiesta, una situación tensa, estrés,…. y caes de nuevo, porque tu subconsciente te está pidiendo ‘eso’, de lo que guardas un recuerdo positivo (sensación de saciedad y relajación) y que está ‘prohibido’.

Sin embargo, esta tarde se ha encendido una bombilla: De pronto he juntado una frase que oí ayer (el tabaco me da asco), con aquella experiencia ante el cenicero hace cuatro meses, y el absolutamente desagradable olor que cogen los cigarrillos cuando comparten cajetilla con una colilla.

Así que he llegado a un compromiso conmigo mismo: Puedo fumar todo lo que quiera, con una condición.

Cada vez que fume un cigarrillo guardaré la colilla en la misma cajetilla de la que ha salido.

Ayer conviví todo el día con una cajetilla ‘contaminada’ por una colilla que no había querido tirar en medio de las pistas de esquí, y por la noche, sólo de recordar el asqueroso sabor de los cigarrillos que quedaban, dejé pasar más de una vez las ansias por fumar.

No sé si funcionará, yo espero que sí. Las personas son capaces de llegar a aborrecer las cosas, y desde luego ese sabor es terrible.

Además, hay algunos detalles que hacen que esta idea sea prometedora:

1) Un fumador es, paradójicamente, mucho más capaz de llevar a cabo acciones para no fumar justo después de haber fumado. La voluntad no se encuentra mermada por las ganas de fumar gracias a que acaba de saciar esa ‘necesidad’, así que con la vergüenza que en el fondo da haber vuelto a fumar, y la determinación de dejarlo lista al 100% después de cada cigarrillo, hacer este sencillo gesto no creo que sea un problema.

2) La acción no contempla la ‘prohibición de fumar’. No tendré que luchar contra las ganas de fumar. Si me apetece, fumo. Sólo tengo que admitir una condición: Me sabrá muy, pero que muy malo.

3) Es incremental: El primer cigarro del paquete sabe bueno. Son veinte a cero. El segundo un poco peor (diecinueve a uno), el tercero… el último cigarro del paquete sabrá a cuerno quemado.

En fin, que con todo esto busco que poco a poco el cuerpo busque una menor demanda de nicotina condicionado por el asqueroso sabor que le acompañará.

Iré dejando aquí los resultados… si los hay. Si no funciona… también lo diré…

Aceptaré un éxito relativo si con esto consigo eliminar los cigarrillos ‘tontos’. Esos que muchos días te fumas por fumar. El segundo y el tercero durante la parada del café, los que fumas simplemente porque estás caminando por la calle,…

También hay un riesgo: Que termine no sabiéndome malo ese desagradable aroma…

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